No puedo dormir sin tu rostro acuoso que se mece entre mis dedos. Caminando sonido tras sonido se ha disuelto la noche. Es complejo como tu sonrisa en verano, como tu melancolía en primavera, pero está ahí, escondido bajo las brasas del pasto: un camino sinuoso y estrecho. El fondo es transparente, con tanto espacio que podría vivirse en él. No digo abajo, si quiera arriba, digo derecho, frente a los ojos que son tuyos y míos -suspiro- y tuyos. Pero lejos, lejos, lejos. Se adviene de pronto el terror, el pánico de los lagos y sus vegetaciones que se enredan en los tobillos, que te sostienen donde no puedes respirar. Tranquila, reconociendo el rostro, me quito el alma y te la entrego, para que puedas flotar.
miércoles, 11 de mayo de 2011
sábado, 2 de abril de 2011
Mumbling
El humano es un ser perdido que nunca sabe con completa certeza a dónde va, se mueve azaroso en una eterna noche fría. Desconoce que vivir es más que existir y que morir no es sólo cesar las funciones biológicas, sino ignorar las espirituales.
lunes, 28 de febrero de 2011
De azares y azahares
Juan y Lucía veían las estrellas todos los días, se preguntaban si podían en ellas leer lo que les deparaba el azar con forma de azahar.
Lanzaban ajonjolí por la ventana en espera de la fortuna que les prometía la abuela en su aljuba blanca. Lo que Juan y Lucía no sabían era que los cuentos que les contaba la abuela no eran más que eso: cuentos que el abuelo de ella -un viejo alfayate- le había contado hace muchos años. De él sólo sabían pues todavía jugaban con su antigua adarga; correteaban como si estuvieran en una gran alcazaba, cuidando siempre la zaga con ramitas que metían cuidadosamente en la aljaba a modo de flechas. La abuela los regañaba cuando los sorprendía, aunque bien sabía que su abuelo jamás fue almirante alguno.
Los domingos almorzaban fuera, en el jardín, entre las matas de alhucema, pues decía la abuela que los sabios comían así. Lucía se escabullía mientras Juan discutía con la abuela sobre algún tema baladí. Corría a probarse el alhate que su abuela escondía en el joyero, soñaba con ataviarse para salir de viaje con el muchacho que vivía en la casa de enfrente: un gandul, pero no cualquiera, uno que sabía encantar con la mirada, con esos ojos azules y ese tonto un tanto meloso que se escuchaba en su voz al recitar versos de la mar.
(Claro, mi tarea de arabismos)
martes, 18 de enero de 2011
En las olas del [o]mar abierto
Abierta como el mar, como aquella concha que la niña dejó en la playa. Será que las estrellas juguetean dentro en busca de un reflejo solar. Tengo frío, la piel se me derrite poco a poco e intento caminar. Derecho decía el príncipe de cabellos dorados, el príncipe niño que soñaba soñar. Estoy a tu merced: bien podrías ahogarme o ayudarme a nadar.
jueves, 13 de enero de 2011
No subas, no bajes
-No subas tan alto, te puedes caer, murmuró con su voz de niño travieso, pero seriamente preocupado.
-Las otras también murieron así, por descuidadas, por creer que tenían alas. Yo se los dije, pero vamos, estaba jugando... ellas lo tomaron muy en serio y se arrojaron al vacío.
-Estas mujeres ridículas, dijo ahora con su voz de adulto, pero seriamente divertido.
-Se creen que lo pueden todo, no sé quién les habrá contado semejante mentira y por que la habrían de creer.
-Perdón, no me había dado cuenta, pero... tú sólo eres una niña, así que...
Luego vio la sangre en el suelo, el pequeño cuerpecillo inherte. Estuvo mirando un rato y después soltó una risilla corta:
-Pobrecita, yo creía que ésta me iba a durar.
domingo, 2 de enero de 2011
Luz presente
Para Omar, también.
domingo, 1 de agosto de 2010
Del viento soñoliento
Quiero a tus ojos de noche, a tu piel de día, quiero jugar en tu ombligo con mi sonrisa sombría.
A veces me parece que tu pelo baila una canción continua, pero tus dedos dicen que sólo se trata de una tregua conspicua.
Te extrañaré esta noche como hierba dolorida, para que mañana me parezca que me das la bienvenida.
A veces me parece que tu pelo baila una canción continua, pero tus dedos dicen que sólo se trata de una tregua conspicua.
Te extrañaré esta noche como hierba dolorida, para que mañana me parezca que me das la bienvenida.
[Al único, siempre: Omar]
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